La hija de Isis


Desde que empecé a escribir he entendido mi crimen. Mi crimen ha sido pensar, sentir. Pero, para mí, escribir es como respirar el aire de la vida. No puedo parar.

Nawal el Saadawi nació en Egipto en 1931. Su libro La hija de Isis es una autobiografía que la autora terminó de escribir en 1995, cuando todavía vivía en el exilio, lejos de su país y de los suyos. Los años que recoge la narración fueron determinantes porque encauzaron la vida de una persona luchadora, fuerte y que nunca se conformó con el mandato que la religión musulmana imponía a las mujeres. Estudió Medicina, fue directora de salud pública en su país y consejera de la ONU para el programa Mujeres en África. Su trabajo como médica rural la convirtió en testigo del sufrimiento, la ignorancia, la pobreza y la enfermedad. Las mujeres, además, sufrían una doble opresión, al vivir sometidas a sus padres, maridos, hermanos u otros hombres. Nawal el Saadawi intentó ayudar a estas mujeres víctimas de la tiranía patriarcal, pero la acusaron de no respetar la tradición o de incitar a la rebelión contra la religión y la ley, y la trasladaron a otro destino. Más tarde la encarcelaron y, tras ser liberada, su nombre pasó a formar parte de una lista negra donde figuraban los enemigos del gobierno. Frustrada como médica por no poder remediar tanto sufrimiento impuesto, utilizó la escritura como arma para combatir cualquier autoridad abusiva, ya sea la del estado, la del padre o del esposo. Desde entonces, con la palabra lucha contra la injusticia.

«En la vida de una mujer todo era considerado vergonzoso, incluso su rostro», leemos en La hija de Isis. «Cuando tenía seis años, la daya (comadrona) vino con una cuchilla en la mano, me sacó el clítoris de entre los muslos y lo cortó». «Cuando los niños dejaban de mamar ya no se les volvía a besar. Era la tradición entre las familiar turcas de clase media, donde la falta de expresión de sentimientos cálidos y la frialdad se consideraban una señal de distinción». «Fue saber leer y escribir lo que me salvó». Nawal el Saadawi narra sus vivencias personales, expone sus recuerdos más íntimos, su rabia ante hechos que la han marcado, como la mutilación genital o la inhibición fruto de una educación represiva. Opinar, criticar lo que le parece injusto, le ha traído más de un problema, aunque ella considera que la escritura es poder. Poder para decir que las mujeres viven sometidas por el poder del estado y por el poder divino, que los derechos humanos no se respetan y que la sociedad de consumo antepone el dinero a todo lo demás.

El primer escrito de Nawal el Saadawi fue una carta a Dios que comenzaba así: Oh Dios, si eres justo, ¿por qué tratas a mi madre y a mi padre de forma diferente? Con siete años descubrió que el nombre de su madre no figuraba en su filiación. Que «el nombre de una madre no tiene importancia, una mujer no tiene valor, ni en la tierra ni en el cielo. A un hombre se le promete que, en el paraíso, tendrá setenta y dos vírgenes para su disfrute sexual, pero a una mujer solo se le promete que tendrá a su marido, eso suponiendo que él tenga tiempo para ella y no esté demasiado ocupado con las vírgenes que le rodean». Su madre hizo que Nawal tuviera una infancia feliz, la salvó de casarse a los diez años, la animó y apoyó siempre y pasó privaciones para que, tanto sus hijos como sus hijas, estudiasen.

La hija de Isis es una lectura imprescindible para conocer la situación de las mujeres en África. Cuenta la infancia y adolescencia de Nawal el Saadawi, aunque también es parte de la historia de todas las mujeres.

Título: La hija de Isis
Autora: Nawal El Saadawi
Editorial: Bronce
Páginas: 341
Año: 2003

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