Hamnet

 

No hay nada después de la muerte. Existe la tierra, existe el cuerpo y al final no son nada.






Hamnet, la novela de la escritora irlandesa Maggie O’Farrell es una obra excepcional. Narra un supuesto, aunque verosímil, drama familiar que vivió la familia del dramaturgo William Shakespeare. Poco se sabe de la vida personal del famoso Bardo de Avon, se casó con Anne Hathaway y tuvieron tres hijos, Susanna y los mellizos Hamnet y Judith. Con tan solo once años de edad, fallece Hamnet, y en torno a su figura gira la historia de O’Farrell.

La acción transcurre en el hogar familiar, en el ámbito doméstico, en la vida pequeña y cotidiana de Stratford. Anne, en la novela Agnes, ha tenido una infancia difícil. Rowan, su madre, suscitaba recelos en el pueblo, poseía dotes adivinatorias y era conocedora de los secretos del bosque, ella es quien transmite esta sabiduría a su pequeña hasta que fallece al alumbrar a su tercer hijo. Huérfana de madre desde una edad temprana, Agnes y su hermano Bartolomew han de integrarse en la nueva familia de su padre, con Joan, una madrastra que la desprecia y le encarga los peores trabajos de la granja, y seis hermanastros que llegan. El preceptor de estos niños se aburre en las clases de latín que les imparte. Una tarde, para evadirse del tedio de las conjugaciones y el orden de las palabras, mira por la ventana y ve salir una silueta de entre los árboles. Al principio le parece un muchacho, pues lleva un halcón en un puño. Luego cree que será una criada. Ni por un instante se le ocurre pensar que la mujer que ha visto sea, que lo es, Agnes, la hija mayor de la casa. Él es un hombre estudiado, un hombre de letras, con educación. Ella tiene mala fama. Dicen que es rara, que está chiflada, que va sola por los caminos y se adentra en el bosque recogiendo plantas para hacer pociones extrañas. Una chispa salta entre los dos mundos dispares para incendiarlos de deseo.

Un embarazo imprevisto y un casamiento rápido, casi a escondidas, conducirá a Agnes a casa de sus suegros. Allí siente que vive de prestado, los suegros la han aceptado por su dote. John, el suegro, es un hombre resentido, agresivo e interesado, fabrica guantes en su taller y gobierna el negocio y a su familia con despotismo. Mary, la suegra, es una mujer poco afectuosa, endurecida, que solo muestra su humanidad cuando estalla la tragedia.

Enseguida llegan los hijos, primero Susanna, luego los mellizos Hamnet y Judith. El marido ya se ha ido a Londres, ha huido de esa casa que no es hogar para cumplir su sueño en el corral de comedias. Agnes toma las riendas familiares y saca adelante a sus hijos hasta que el desventurado desenlace de Hamnet la sume en la desesperación y el desconsuelo. O’Farrell realiza una descripción magistral del regreso del padre a casa, aparece con la ropa y la cabeza empapadas por la lluvia, agotado por el viaje desde la ciudad, y constata que la muerte le ha arrebatado a su hijo. Entonces, un rugido de dolor ahogado pugna por salir del pecho de un animal herido, aplastado por el sufrimiento.

Tres escenas narrativas me han cautivado. El amortajamiento del niño realizado mediante una descripción sensorial que lleva al lector a esa habitación en la que reina la tristeza y luego al cortejo fúnebre que culmina en el cementerio, en la fosa, en esa grieta que engullirá para siempre a Hamnet. En segundo lugar, la llegada de la peste en 1595 viajando desde Alejandría a Stratford. La narración en paralelo de lo que le sucede al vidriero de Murano y al grumete de la isla de Man llega al presente, a la casa de Agnes. Por último, la representación teatral de la obra «Hamlet», la incomprensión primigenia de Agnes ante esos actores diciéndose cosas unos a otros en el escenario, ella pensaba que quizás ahora entendería el distanciamiento de su marido, su silencio tras la muerte del hijo… Enseguida comprende que el marido ha hecho suya esa muerte en el diálogo entre el príncipe Hamlet y el fantasma de su padre. Brota el perdón. Nace la reconciliación.

La novela Hamnet discurre a un ritmo trepidante, seduce y transmite sentimientos con los que es fácil empatizar. El texto es de enorme belleza, rico en descripciones y sensaciones. Destaca la figura poderosa de Agnes, protagonista indiscutible de la obra de Maggie O’Farrell, un potente personaje femenino: mujer inteligente e intuitiva, trabajadora, comprensiva y generosa hasta el punto de sacrificarse para que el marido pueda ser quien llega a ser. Agnes es la fuerza y la energía que mueve el relato. William Shakespeare habita en cada página de la novela como hijo, marido, padre, nunca como protagonista. El foco del relato recae sobre la esposa del autor y sus tres hijos.

O’Farrell utiliza un recurso muy eficaz, arrastra al lector y le introduce en la historia como si fuese un personaje más. Gracias al uso de la primera persona del plural, compartimos momentos: Si nos asomáramos a la ventana de Hewlands y volviéramos la cabeza a un lado, veríamos el lindero del bosque. Ficción y realidad transcurren de forma simultánea, se intercambian y entremezclan para nutrir el drama de la familia Shakespeare, que no deja de ser el drama de Hamlet.


Título:Hamnet

Autora: Maggie O’Farrell

Editorial: Libros del Asteroide

Páginas: 352

Año: 2021

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